En la Edad Media, la vida de la mujer había de ser muy distinta,
pero más por su origen que por su condición de mujer. De hecho, la mujer noble  tenía prácticamente prohibida  su participación en la vida activa y política y su realidad personal estaba condicionada por una elección inevitable: el convento o el matrimonio.
Dentro del castillo, la esposa tiene una total dependencia de su marido.  Por el contrario, en el caso de la mujer campesina,  su situación era peor aún: no podía casarse, por ejemplo, fuera del dominio de su señor, y si lo hacía, sus hijos eran repartidos entre su señor y el de su marido. Pero en el trabajo, no es inferior  al hombre, realiza las tareas de siembra, de cosecha, el cuidado de los animales, busca el agua, cuida del fuego e incluso lleva el trigo al  molino. Y aún así demostraba su fortaleza: siempre había más viudas que viudos.
 
La vida siempre fue dura para las damas. O bien se pasaban la vida entre las  cazuelas, o bien tenian que defender sus hogares a capa y espada, mientras los caballeros se esforzaban grandemente en destrozarse las armaduras en tierras tan lejanas, que ni siquiera estaban en el mapa. No tuvieron más alternativa que ponerse a la altura de los tiempos, y así las modas y los modos, fueron cambiando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando la mujer de la Edad Media pudo verse en la maravilla del espejo, vio como
dos partes de si misma se dividían: en una esquina del espejo estaba su yo Eva,
en el otro, dormida hasta el siglo XII, su yo Maria.
Agrupadas por su género, para el universo masculino no existían diferencias
 determinantes entre unas y otras; todas llevaban la maldición de Eva. La mujer
era una, no había para ella, como para los hombres, diferencias sociales, económicas
 y políticas que validaran una consideración individual (excepción hecha a las
 mujeres que detentaron el poder.
La mujer no pudo nunca verse tranquila al espejo, siempre había una voz masculina
que le gritabadel otro lado lo que debía ser y hacer. Ella muda, sólo contemplaba con nostalgia esperanzada la hora en que la maldición y la afasia terminasen.
Dividida y tensionada entre lo bajo de su naturaleza y la plenitud de su vientre, la mujer de la Edad Media estuvo ausente; el universo masculino no supo nunca que existió un género que sentía, amaba, y vivía en forma particular y única.
 
 
 
 
     
 
::Arcoiris::